sábado, 18 de junio de 2011

Corte de pelo

Hace muchos años, más de treinta, mamá comentó a la abuela que iba un poco retrasada con los vestidos que nos estaba haciendo para estrenar el último domingo de junio, día en el que se celebraba la fiesta de San Pedro en el pueblo. A demás, como todos los años, íbamos a tener invitados y tenía mucho trabajo. Violeta enseguida le dijo a mamá que no se preocupase, que ella cuidaría de Victoria y que no la iban a molestar.
Mamá estaba contenta y tranquila, ¡no sabía la que se le avecinaba!
Violeta sabía que la fiesta era un día especial y que todo el mundo ponía sus mejores galas, ¡hasta Aurora y la Tía  Soledad pintaban los labios para ir a la procesión!, pensó que sería bueno que nosotras también nos acicalásemos para estar muy guapas y ya que mamá estaba tan ocupada ella se iba a encargar de “embellecernos”.
No tenía muy claro por dónde empezar, así que nos metimos en el baño y comenzó la función: lo primero era que Victoria se quitase el vestido para no mojarlo, luego era necesario hacerse con unas tijeras para cortar las uñas, después hizo falta una silla para colocar a la clienta del salón de belleza, que no era otra que la presumida de Victoria (en cuanto oyó que la iban a poner guapa hizo todo lo que su hermana le pidió y se sometió a la tortura encantada), y por último coger una toallas del armario y traer unos cojines para subirse en el taburete y estar más alta.
La cosa comenzó bien: -a ver, cariño, que te voy a lavar las manitas para que estés muy limpia. Y las manitas que le daba Victoria para que se las lavase.- a ver, mi amor,  que te voy  a cortar las uñitas para que estés muy guapa. Y las uñitas que se dejaba Victoria cortar para estar muy guapa.- a ver, mi vida, que tienes el pelo enredado y te lo voy a desenredar para que te parezcas a Karina buscando en el baúl de los recuerdos. Y Victoria, la fan número uno de Karina, se dejaba hacer: ni un solo quejido, ni un solo gesto de dolor…- y ahora, cielo mío te voy a recortar un poco las puntas para que estés más guapa. Palabras mágicas, decirle a Victoria que iba a estar más guapa era asegurarse el absoluto silencio…
Y comenzó la tragedia: un poco por aquí, un poco por allá, esto que sobra, esto que no me gusta, ahora está torcido, esto que tiene arreglo…y esto que ya no lo tiene.
-no, nena, no te mires al espejo todavía
-pero estoy cansada Viole, déjame ver lo guapa que estoy.
-no, que sea una sorpresa (y ¿cómo salgo yo de esta?, estoy sudando), espera un poco
-Viole ¿estoy guapa?
-sí, muy guapo
-guapa Viole, guapa, que soy una nena.
-bueno, es que ahora se lleva el pelo corto, como los niños
-Viole yo no quiero pelo corto, yo quiero como Karina
-espera un poco y ya verás que bien te peino, además Karina ya no está de moda
-pero a mí me gusta, déjame verme…MAMÁ, MAMÁ…
¿Qué os pasa?, ahora ya casi estoy terminando, como os portasteis tan bien la güelita me pudo ayudar y ya tengo los vestidos casi acabados.
-Mami, es que Victoria tenía el pelo muy enredado y se lo desenredé.
-claro, y por eso está llorando, es que hay que tener mucho cuidado, Violeta, que tiene el pelo muy rizado y muy fino y le haces daño. Vito, ven aquí, no llores.
-Mami, es que ahora ya no se le enreda.
-¿qué dices? ¡Que hicisteis!, dímelo YA!
-verás mami, como la semana que viene va  ser la fiesta y tenías mucho trabajo…pues yo hice de peluquera y peiné  a la nena para que estuviese guapa y le hice un  corte de pelo “cómodo”. Está muy… “guapo”.
-¿guapo? Estás diciendo tonterías. Victoria, ven aquí y que te vea.
-Ay  mami, que Viole no me dejó como Karina, que ahora tengo poco pelo.
-bueno, esto no tiene arreglo, mañana a la peluquería y NUNCA MAS me voy a fiar de vosotras. Vaya par de dos: una queriendo ayudar y la otra queriendo presumir…ahora mismo a limpiar el baño y a no dejar ni un pelo en el suelo
- mami ¿y ahora cuando me crezca el pelo será como el de Karina?
Hoy nos reímos recordando aquel día, pero Victoria lloró por su melena días. Y mamá, aunque al principio se asustó, agradeció el corte de pelo porque así no tenía que luchar con los rizos indomables de la pequeña.
Con los años nos convertimos en peluqueras aficionadas  y en alguna ocasión nos alisamos el pelo una a la otra, nos dimos color o nos hicimos sofisticados recogidos, pero NUNCA MAS volvimos a acercar las tijeras a nuestras cabezas.
El recuerdo de de esta historia nos hizo preparar estas imágenes con las toallas de hilo bordadas como las que mamá siempre tenía en el baño, con el vestido de organza bordada parecido al que en aquel año estrenó Victoria, con los cojines iguales a los que usó Violeta para improvisar su andamio, y con el cariño con el que os las dedicamos.
Agradecimientos:
A mamá por entendernos y dejarnos con vida después de aquel día.
A Carlos por ser el más crítico con nuestros trabajos y encontrar siempre algún defecto que intentamos corregir.
A vosotr@s por alentarnos a seguir y hacernos buscar en nuestro “baúl de los recuerdos” estas historias infantiles y de adolescentes que si no se perdería.  Gracias de corazón.