martes, 1 de marzo de 2011

La Cuna

La casa de la bisabuela se caía y era necesario hacer obra, desde el tejado hasta el suelo, incluso había que derribar algunas paredes, pero lo primero era desalojarla, dejarla vacía, recoger lo que servía y tirar lo inútil.
El primer día, hacía sol, llevamos comida y nos pusimos con toda la calma del mundo a abrir armarios, empaquetar sábanas, colchas, mantas, mantelerías, copas, vasos, cubiertos y miles de utensilios que aparecían como escondidos en uno u otro armario. Lo pasamos muy bien y nos reímos mucho pero no avanzábamos así que hubo que imponer un ritmo más rápido.  Estuvimos durante una semana desalojando y embalando.
La polilla se había instalado en la vivienda y todo lo que era de madera había que cambiarlo, las necesidades para habilitar la casa eran cada vez mayores y el esfuerzo iba a ser grande.
En el desván dormían baúles con ropa y en una esquina apoyada sobre una columna estaba la cuna que nos había mecido a nosotras y a nuestros primos. Todos dormimos en ella alguna vez, todos utilizamos el mismo faldón, y todos nos recostamos sobre los mismos cojines primorosamente bordados con el gusto exquisito de nuestra abuela. Recordaremos siempre la cuna con algún bebé en ella hasta que, ya mayores, se quedó arrinconada en el desván.
La cuna llegó desde Argentina cuando iba a nacer nuestra madre, un tío suyo, Celestino, un indiano, que fue en busca de fortuna, al saber que su hermana estaba embarazada mandó la cuna que llegó  apenas unas horas antes que la criatura, la abuela siempre lo recordaba con especial cariño. El hermano escribía cartas que se recibían  puntualmente contando sus andanzas y sus esperanzas hasta que una enfermedad se lo llevó en apenas dos semanas, dejando en aquel país una familia recién formada con el corazón destrozado y aquí una madre y unas hermanas que nunca pudieron sobreponerse a la pena.
El trabajo en la casa va avanzando y nosotras restauramos  todo lo posible, la cuna está inservible y con gran dolor la tuvimos que tirar.
Esta que “tuneamos” se parece muy poco a aquella, esperamos que os guste.






6 comentarios:

  1. Bonitos recuerdos, con un poco de todo, alegría y pena, o sea, como la vida misma.
    La cuna preciosa y los cojines más.
    Besines

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  2. Que bella historia!!! y que recuerdos más lindos, no me vas a creer pero siempre busco a ver si escribes algo nuevo y me emociono con cada historia, hermosa la cunita.Besos

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  3. La cuna ha quedado estupenda pero ¡qué historia! Un hermano de mi abuela también se fué a "hacer las américas" él se marchó a Bogotá y tampoco regresó nunca, dejó en Barcelona mujer e hijos además de madre y hermanos, una mujer negra y un niño, desconocidos para todos, vinieron a España con algunas joyas para la familia y eso fue todo lo que recuperaron de él. Años después sus nietos intentaron seguir su pista pero fue en vano y nada más se supo. Historias comunes de una época ¿no?

    Un beso, Laura (evolve)

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  4. Precioso bebé, preciosa cuna y preciosos cojines¡¡¡ y todo ello acompañado de esos maravillosos recuerdos¡¡¡Besos

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  5. preciosa historia , preciosa cuna y lindos cojines,
    besos

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