martes, 15 de febrero de 2011

Casa Castilla

Por fin íbamos a conocer la casa que papá y mamá habían comprado en Castilla, estábamos emocionadas, era el domingo 26 de marzo de 1972, Semana Santa. Una semana de vacaciones con un mundo  desconocido por delante.
El viaje fue largo, muy largo, Victoria  tan pronto tenía sed como quería hacer pis, tampoco se le olvidó marearse y eso que llevaba puesta una tirita en el ombligo para que el viaje no la hiciese vomitar… (Remedios caseros que no parecían ser muy eficaces a tenor de los resultados), y para rematar iba en el cuello de mamá en el asiento del copiloto ¡locuras de aquellos tiempos!
Violeta iba como podía en el asiento de atrás, estaba lleno de bolsas y maletas, además del equipaje necesario para esos días había que llevar de todo: mantas, toallas, utensilios para la cocina… Aunque ya papá y los tíos habían ido unos días antes a llevar y colocar muebles aquel coche parecía ir a explotar de un momento a otro. Violeta cuan grácil contorsionista acomodaba  su cuerpo al espacio que los bultos dejaban. En una de las últimas paradas para tomar algo abrió la puerta,  detrás  de ella cayeron unas bolsas que parecía no querer acompañarnos: hubo  que luchar contra ellas para lograr cerrar la puerta  (era una batalla en toda regla, se colocaba una bolsa y caía otra, parecía que estaban compinchadas, además no ayudaba mucho el ataque de risa que nos dio a todos).
Después de cantar unas cuantas veces “yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así…”y “tengo la moza en Oviedo tienla su padre encerrá…” mamá dijo que si seguíamos siendo rebeldes y no callábamos la que nos iba a encerrar era ella, punto final, ¡a callar! que el viajecito ya llegaba a su fin.
A eso de las tres de la tarde llegamos a destino y lo primero que vimos en el patio de la nueva casa de vacaciones fue un banco de forja en el patio, estaba viejo y oxidado pero ya anunciaba lo que supondría para todos el futuro: muchas horas de tertulia, juegos y comidas al aire libre, horas de compañía con gente que muy pronto pasó a formar parte de nuestra familia, éramos  y seguimos siendo “los asturianos”, pero es tanto el cariño que nos dieron y tan bueno el acogimiento que tuvimos que hoy, muchos años más tarde seguimos acudiendo puntualmente unos días de nuestras vacaciones al pueblo que sentimos un poco nuestro.
Y como homenaje a ese día os presentamos este banco en miniatura que esperamos sea de vuestro agrado.

6 comentarios:

  1. felicidades por tu blog¡¡¡¡Tomo asiento y voy a verlo detenidamente¡¡¡Besos

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  2. Te felicito por tu blog,ya tienes una seguidora más.Besitos.

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  3. enhorabuena por la inaguración de tu blog!!! Me encanta la presentación que le das a todas las minis!!! pero tengo ya ganas de ver la casita...!!! Besitos.
    Olga.

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  4. Bienvenida al mundo de los blogs! Yo llevo muy poquito también, pero se le coge gusto, ya verás. Tus cosas son preciosas. Tienes otra seguidora. Besitos

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  5. Precioso relato, como todos. Besos

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  6. Como ya comente en otro momento soy asturiana y vivo en Valladolid , aquí mis padres tienen un chalet a las afueras de un pueblo , y también se nos conoce como "los asturianos" , pero lo mas gracioso es que en el pueblo de mi madre (en Asturias) donde tenemos la casa que era de mis abuelos nos llaman "los vallisoletanos" , ves al final de todos y de ningún sitio jejeje.
    Cuando leo tus relatos me haces retroceder en el tiempo , arrancas de mí alguna lagrimilla , pero tambien unas cuantas sonrisas.
    Continua con tus relatos y GRACIAS por compartirlos con nosotr@s
    Besos Loly

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